Hoy es un reality show de 'superación por talento', donde se imponen los problemas de convivencia o se manifiesta la clara regresión de conductas sociales (odios, celos, discriminación, manipulación, venganzas, trampas y componendas) y el talento sólo aparece como un objetivo difuso y una práctica residual que justifica todo lo anterior, ante un público ansioso de presenciar vidas tan glamorosas como desgraciadas y ante los realizadores (productores, creadores y concursantes), felices todos por el respectivo entretenimiento ligero, la creciente pauta publicitaria y el reconocimiento instantáneo. Es así como los 'protagonistas de nuestra tele' (que muy probablemente protagonizarán apenas este reality), se encumbran como famosos de ocasión y exponen sin pudor sus miserias, miedos y sueños frustrados, mientras satisfacen el voyeurismo del televidente promedio, que pasa sin problema de un crimen por entregas en cualquier noticiero en horario prime time, a una ficción que resuelve, en tres pinceladas más de farsa que de melodrama, hechos históricos complejos y dolorosos, y luego aterriza en esa realidad hecha espectáculo o ese espectáculo que suple la realidad, la de ellos y, ¿por qué no?, la nuestra: protagonistas de nuestra tele-realidad.
Espacio para debatir sobre la transformación de los medios de comunicación a partir de los temas de mayor difusión en las redes sociales, y las raíces comunicativas de esos fenómenos sociales espontáneos y temporales, como ciertos casos judiciales, movilizaciones ciudadanas de ocasión o programas televisivos de alto impacto tomando como insumo las inquietudes del ser humano en la construcción de un tejido social globalizante, cada vez más complejo y, paradójicamente, cada vez más homogeneizado.
5.8.12
El carrusel amnésico de la televisión (I).
Con insólita frecuencia surge un evento televisivo que despierta la fascinación del público y los odios enconados de sectores críticos ante las temáticas o el tratamiento que el canal responsable le da.
Hoy es un reality show de 'superación por talento', donde se imponen los problemas de convivencia o se manifiesta la clara regresión de conductas sociales (odios, celos, discriminación, manipulación, venganzas, trampas y componendas) y el talento sólo aparece como un objetivo difuso y una práctica residual que justifica todo lo anterior, ante un público ansioso de presenciar vidas tan glamorosas como desgraciadas y ante los realizadores (productores, creadores y concursantes), felices todos por el respectivo entretenimiento ligero, la creciente pauta publicitaria y el reconocimiento instantáneo. Es así como los 'protagonistas de nuestra tele' (que muy probablemente protagonizarán apenas este reality), se encumbran como famosos de ocasión y exponen sin pudor sus miserias, miedos y sueños frustrados, mientras satisfacen el voyeurismo del televidente promedio, que pasa sin problema de un crimen por entregas en cualquier noticiero en horario prime time, a una ficción que resuelve, en tres pinceladas más de farsa que de melodrama, hechos históricos complejos y dolorosos, y luego aterriza en esa realidad hecha espectáculo o ese espectáculo que suple la realidad, la de ellos y, ¿por qué no?, la nuestra: protagonistas de nuestra tele-realidad.
Hoy es un reality show de 'superación por talento', donde se imponen los problemas de convivencia o se manifiesta la clara regresión de conductas sociales (odios, celos, discriminación, manipulación, venganzas, trampas y componendas) y el talento sólo aparece como un objetivo difuso y una práctica residual que justifica todo lo anterior, ante un público ansioso de presenciar vidas tan glamorosas como desgraciadas y ante los realizadores (productores, creadores y concursantes), felices todos por el respectivo entretenimiento ligero, la creciente pauta publicitaria y el reconocimiento instantáneo. Es así como los 'protagonistas de nuestra tele' (que muy probablemente protagonizarán apenas este reality), se encumbran como famosos de ocasión y exponen sin pudor sus miserias, miedos y sueños frustrados, mientras satisfacen el voyeurismo del televidente promedio, que pasa sin problema de un crimen por entregas en cualquier noticiero en horario prime time, a una ficción que resuelve, en tres pinceladas más de farsa que de melodrama, hechos históricos complejos y dolorosos, y luego aterriza en esa realidad hecha espectáculo o ese espectáculo que suple la realidad, la de ellos y, ¿por qué no?, la nuestra: protagonistas de nuestra tele-realidad.
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